Astrolabio del Tiempo

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Cronología histórica

Historia económica de la Argentina

El país dividido y el nacimiento de la Deuda Externa

Por Andrea Ravalli

“Los hechos están ejecutados la cuña esta puesta. Hispanoamérica es libre y si sabemos dirigir bien el negocio, es inglesa”

                                         Correspondencia de Canning con Lord Granville

 

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Para comienzos de 1820 el país estaba totalmente desorganizado, política, económica y socialmente.

Las guerras por la Independencia habían dejado una economía demasiado débil y todavía no había llegado lo peor: la guerra civil, la lucha entre unitarios y federales.

En este contexto se trató de sacar al reciente país adelante pero no fue fácil, Argentina estaba dividida por regiones y el interior era el más desvastado económicamente comparándolo con Buenos Aires que se iba convirtiendo en una de las provincias más ricas.

Fue en todo este período donde aparecen varias figuras públicas que más allá de tratar de llevar a cabo una política de restructuración y de administración dieron un vuelco completo en la historia de la naciente república y entregaron gran parte del país a nuevos intereses extranjeros.

 

Buenos Aires y su economía

A partir de 1820, la economía de Buenos Aires sufrió un cambio importante ya no será su principal actividad la del comercio sino que la ganadería comienza a dar importantes ganancias en los mercados nacionales e internacionales.

Se había ganado territorio al indio, aunque todavía quedaban muchas tierras por adquirir y la línea de fortines crecía cada vez más.

El ganado aún estaba disperso por las llanuras pampeanas y el cuero, el sebo y el tasajo seguían exportándose.

Creció el interés por mejorar las razas y se pusieron en práctica nuevas técnicas para optimizar el ganado vacuno.

Un inglés llamado John Miller, fue quien inició el mestizaje con el primer toro Shorton.

El sistema de aguadas fue mejorado y los campos comenzaron a cercarse con arbustos naturales. De esta forma el ganado podía controlarse y cuidarse mucho mejor.

Los saladeros iban expandiéndose cada vez más, así como también el ganado lanar que había tenido una mejora en su raza gracias al cónsul norteamericano Thomas Lloyd Halsey, que en el año 1813 fundó la primera cabaña de ganado lanar introduciendo ovejas y carneros merino que había traído desde Lisboa.

Pero la centralización y el poder económico que se iba gestando en el Río de la Plata traerían serios problemas con el interior que se manifestaron en cruentas luchas políticas y económicas.

 

La desvastada economía del interior

En las regiones del interior del país, la ganadería había quedado desvastada debido a las guerras del periodo revolucionario y las guerras civiles.

Debido a estas situaciones la provincia de Santa Fe, le exigió a Buenos Aires la entrega de cabezas de ganado para poder recuperarse económicamente pero se convirtió en una provincia que comenzó a depender de Buenos Aires ya que necesito de subvenciones para poder palear la difícil situación económica.

Para 1840, la situación del litoral había mejorado pero seguía prevaleciendo el poder centralista de Buenos Aires que ya estaba liderado por Don Juan Manuel de Rosas.

La ganadería del litoral viró entonces hacia chilenos valles de la Cordillera que se transformaron en tierras de pastoreo.

La industria artesanal abastecía la demanda interna sobre todo con sus tejidos de lana ya que los de algodón habían sido desplazados por los que llegaban de Inglaterra.

La región de Cuyo, también se perjudicó, ya que su principal fuente de ingresos, la industria vitivinícola se vio desplazada por la entrada de vinos de origen europeo por lo tanto comenzaron a comercializar cada vez mas con los chilenos.

Tanto Mendoza como San Juan, activaron su economía comerciando con Chile.

En el país vecino se vendía el ganado vacuno, ovino, los caballos, las mulas y los burros así como también los cueros, el jabón, el sebo, las monturas, las riendas, los tejidos, las plumas y las frutas secas.

El interior no podía depender de Buenos Aires para crecer económicamente muy por el contrario el poder central de la pampa húmeda solo perjudicaba al resto de las provincias.

Los gobiernos de las provincias entablaron por lo tanto gestiones ante el gobierno chileno para disminuir las tarifas aduaneras.

En el año 1835, se firmó un acuerdo comercial que fijaba un derecho de aduana del 6 %, para todos los productos originarios de las partes contratantes y los mismos aranceles que en puertos argentinos para los productos importados.

 

El intento de organización financiera

Fueron varios los que se disputaban el poder en Buenos Aires, que había rechazado el tratado del Pilar, y en pocos meses se sucedieron varios gobernadores: Sarratea, Balcarce, Ramos Mejia, Soler y Dorrego pero se consolido el poder del general Martín Rodríguez quien fue elegido el 3 de abril de 1821 por la Cámara de representantes.

Manual José García fue nombrado Ministro de Hacienda y Bernardino Rivadavia ministro de gobierno.

 

A partir entonces del mandato de Martín Rodríguez, se efectúo una reforma financiera para tratar de administrar y activar las finanzas de la provincia

Se dictaron leyes de retiro de empleados civiles y de militares para lograr así una reducción de los gastos.

Se presentó el presupuesto ante la sala de representantes que debía ser aprobado para que pudieran administrarse los gastos y establecer los ingresos que serian necesarios para llevar adelante los planes del gobierno.

El sistema impositivo fue reorganizado para poder crear nuevas formas de financiamiento que permitieran terminar con los empréstitos forzosos.

Fueron así eliminados los impuestos de la época colonial y se creó la contribución directa que gravaba en forma proporcional las propiedades y el capital.

Pero la recaudación no fue la que se esperaba por lo tanto el presupuesto del gobierno siguió dependiendo de la recaudación aduanera fuente de mayores ingresos reales de la provincia de Buenos Aires.

Entre las serie de medidas que tomo Rodríguez, decidió cerrar el Cabildo, reorganizar las milicias y crear la universidad de Buenos Aires.

A fines de 1822 comenzaba una nueva etapa en la historia económica de la República, el ministro Rivadavia viajaba a Inglaterra para pedir dinero ese día la deuda externa iniciaba su largo recorrido.

El ministro tomo un empréstito con la casa londinense Baring Brothers.En la naciente America, los empréstitos no eran una novedad, muchos latinoamericanos ya habían adquirido empréstitos con distintos fines.

La Argentina del flamante ministro Rivadavia, pedía dinero para fundar nuevos pueblos, construir un puerto en la capital que facilitara el acceso de los buques ingleses, fomentar puertos ribereños que le sirvieran a los productores a exportar y proveer a Buenos Aires de un servicio de aguas corrientes como el de “Londres”.

Pero los objetivos y el destino de este empréstito no se cumplieron y las consecuencias se pagaron a lo largo de la historia.

Se dice que la cancelación de los proyectos del gobierno se debió a la guerra con el Brasil, guerra que por otro lado también necesitaba de dinero para financiarse.

Este era solo el comienzo de una larga serie de empréstitos y la deuda recién comenzaba a generarse.

Lo que la mayoría de los argentinos de esa época no sabían era que las intenciones de Rivadavia con los ingleses eran otras e iban mucho más allá de la creación de un puerto.

Cuando Jerónimo Las Heras, asumió la gobernación, en el año 1824, le ofreció a Rivadavia continuar en el cargo de ministro pero este no quiso aceptarlo, tenía otras intenciones.

Le expresó al gobernador que quería el ministerio plenipotenciario de las Provincias Unidas en Francia y en Inglaterra, claro los intereses eran muchos y Rivadavia tenía que devolver favores y corregir los papelones que había hecho ante la corona británica.

En uno de sus últimos viajes, se había entrevistado con John Hullet, para encabezar proyectos de explotación en minas de America Latina.

Fue así como en Septiembre Rivadavia, se asoció en el Río de la Plata Mining Assosiation, con un capital de un millón de libras.

Esta nueva empresa tuvo disidencias con el gobernador Las Heras, que expresaba que solamente los gobiernos de las provincias podían aprobar los contratos de minería.

Y los ingleses decepcionados porque habían creído que Rivadavia tenía mayor jurisdicción en este tema bajaron sus expectativas pero el 7 de febrero de 1826, era elegido nada más y nada menos que para la Presidencia de la Nación el mismo Bernardino Rivadavia.

Manual García, su antiguo compañero fue designado ministro de relaciones exteriores, Carlos de Alvear de Guerra y Marina, Salvador María del Carril de hacienda y Julián Agüero de gobierno.

 

 

La tierra hipotecada

Con una deuda interna importante y otra peor con Inglaterra, Rivadavia había asumido el cargo de presidente.

Una de sus primeras iniciativas fue la sanción que el congreso le otorgo a la “ley nacional de enfiteusis”.

Este “sistema” consistía en el arrendamiento de tierras del estado a particulares a largo plazo a cambio del pago de una renta.

Los lotes se entregaban por el término de 20 años; aquellos que estaban destinados para la agricultura pagaban el 4% del valor y los destinados a la ganadería el 8 %.

No se establecía obligación de poblar ni limitación alguna para acumular lotes.

Muchas de las aristocráticas familias que se conformaron en la élite social de décadas posteriores tuvieron su enriquecimiento a partir de estas medidas.

El gobierno de Dorrego reformuló esta legislación estableciendo límites y obligando a poblar las tierras con cabezas de ganado, pero esto no alcanzó a todas las tierras que se habían concedido con anterioridad.

Las consecuencias de estas sanciones fueron asumidas por quien seria por mucho tiempo el nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires, don Juan Manual de Rosas.

Periodo del suceso: 1820
Palabras clave: Rivadavia, crisis económica, deuda externa