Astrolabio del Tiempo

En la antiguedad el hombre usaba el astrolabio para medir las alturas, los lugares y los movimientos de los astros.

El tiempo es nuestro astrolabio...
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Historia Argentina

El fantasma de la peste

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En muchas ocasiones sólo cuando ocurren los hechos, los gobiernos toman medidas, ven la realidad, se dan cuenta de lo que no se hizo y  de lo que se tendría que hacer.

Hoy la información del dengue nos produce temor, nos parece casi increíble que a esta altura del siglo XXI se diga que es una de las enfermedades de la pobreza.

¿Nadie se dio cuenta antes de que en la Argentina hay pobreza?

No es la primera vez en la historia que nuestro país sufre una epidemia; tuvimos varias y en distintas épocas.

Una de las más cruentas y mortíferas fue la sucedida allá por el año 1871, año en el que se calcula que murieron casi 14.000 personas en nuestro país.

En esta época las condiciones de salubridad e higiene eran terribles. En Buenos Aires, no existía el agua corriente, ni las cloacas, sólo había pozos ciegos que contaminaban las napas.

El Riachuelo que limitaba al sur de la ciudad, estaba contaminado con los desperdicios que arrojaban los saladeros y los mataderos que se encontraban a su alrededor, aún hoy la situación de este lugar no dista mucho del de aquella época…

El agua que se bebía era sacada por los carros de los aguateros y no tenía ninguna condición de control ni  de salubridad.

La situación de muchos habitantes porteños, era el  hacinamiento y las pésimas condiciones de higiene, con las que vivían.

La masiva inmigración que venia produciéndose en estos años había traído aparejado la necesidad de encontrar lugares a estos recién llegados. Fue entonces cuando comenzaron a habitar  los conventillos, estos eran lugares propicios para la propagación de enfermedades.

Con  este panorama estalló la epidemia de fiebre amarilla en el país.

Los primeros casos que se conocieron en Buenos Aires, se dieron en el barrio de San Telmo.

Corría enero de 1871, y se habían atendido tres casos fatales que en un principio no se dieron a conocer, pero los médicos comenzaron a alertar a las autoridades sobre la posible propagación de la enfermedad.

Se cree que fueron soldados argentinos que habían combatido en la guerra con el Paraguay quienes habían contraído la enfermedad y la propagaron.

Primero fue en la provincia de Corrientes y luego llegó a Buenos Aires.

Otros culpaban a los inmigrantes de traer enfermedades o a los negros que habitaban en Buenos Aires de ser los causantes de esta epidemia, pero lo cierto es que pasaban los calurosos días de enero y las víctimas se iban sumando.

El presidente Domingo Faustino Sarmiento, comenzaba a alarmarse de los casos que cada día cobraban más victimas.

Los pocos hospitales que existían estaban repletos.La ciudad contaba con el hospital general de hombres, el de mujeres y salas o centros de salud, pero el sistema hospitalario de ese momento había colapsado.

Se declaró al puerto en cuarentena y las provincias limítrofes no permitían el paso de mercaderías ni de personas.

La cantidad de víctimas iba en aumento, en febrero morían 40 personas por día, para marzo ya eran casi 100.

No se contaba además con las medicinas ni con el avance adecuado para tratar estas epidemias.

Fue recién en 1881 cuando un médico descubre que la enfermedad la propagaba el mosquito “Aedes aegypti”.

La ciudad se había transformado fúnebremente, los cajones se apilaban en las esquinas a la espera de ser transportados hasta el cementerio del sur.

Eran tantos los muertos que el gobierno adquirió siete hectáreas en la Chacrita de los Colegiales, y se erigió un nuevo cementerio, que seria conocido más tarde  como “Cementerio de la Chacarita”. También había sido ocupado por los muertos de la epidemia el Cementerio del Norte, conocido hoy como el “Cementerio de la Recoleta”.

El ferrocarril Oeste de Buenos Aires, extendió una línea a lo largo de la Avenida Corrientes hasta el nuevo cementerio. Se lo conocía como el tren de la muerte se llevaban dos veces al día los cuerpos de los pobres azotados por la epidemia.

Para el mes de abril se informaba a la comisión de salud, que se había creado especialmente, de casi 500 casos por día.

La ciudad estaba colapsada, había barrios enteros que habían sido abandonados por los habitantes, sobre todo los del sur, que vieron huir a los más pudientes a zonas que estuvieran más cerca de los ríos, y se fue poblando la zona norte, que antes era un  paraje desolado y casi desierto.

La llegada de los primeros fríos fue una bendición para los habitantes de la ciudad, lentamente los casos fueron disminuyendo, para el mes de junio, no había denuncias de otros casos.

En tres meses la epidemia había cobrado, casi 14.000 víctimas. Los nombres de Francisco Muñiz y Manuel Argerich, serían recordados en un futuro cuando se levantaron  los hospitales que llevan sus nombres. Estos recordados médicos fueron víctimas también de esta despiadada epidemia.

A partir de este episodio, se comenzaron a tomar medidas para mejorar las condiciones de higiene y de salud.

Para fines del siglo ya habían comenzado las obras de infraestructura que le darían a la ciudad y a sus habitantes agua potable y cloacas.

Pero no todos gozarían de estos beneficios, lamentablemente aún hoy hay pobreza en Argentina, y lo que es peor, todavía se siguen propagando enfermedades…

 

                                                   Lic Andrea Ravalli

Periodo del suceso: 1871
Palabras clave: fiebre amarilla, salud en Argentina, epidemias