Astrolabio del Tiempo

En la antiguedad el hombre usaba el astrolabio para medir las alturas, los lugares y los movimientos de los astros.

El tiempo es nuestro astrolabio...
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Historias de Vida

María,”La Capitana”

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Como fantasmas en las noches se veían por las calles a muchos negros que deambulaban pidiendo limosna cerca de las iglesias. La gente caminaba con paso presuroso sin siquiera mirarlos.

Esas siluetas fantasmagóricas y desvalidas se habían hecho costumbre. Algún piadoso les acercaba la mano con una limosna y otros les llevaban la sobra de sus comidas.

Se sentaban con las miradas perdidas en las puertas de las iglesias mirando sin mirar el paso de las carretas y los caballos que circulaban por las embarradas calles.

Pocos sabían quiénes habían sido esos negros, ¿A quién le importaría? Si hasta que no se abolió la esclavitud los negros sólo servían para servir a sus amos, a esos blancos que los habían enviado al combate una y otra vez.

Entre esos negros estaba María Remedios Del Valle, una esclava, que había pertenecido a Don Justiniano Álvarez del Castillo.

Los años de la revolución habían pasado, sin embargo las marcas de la guerra quedaron marcadas en su rostro.

La llamaban “La Capitana” y era una más de los tantos que se sentaban en la puerta de las iglesias o en cualquier esquina a mirar sin mirar.

-!Soy la Madre de la Patria!-le repetía a los transeúntes y sus ojos perdidos en la nada estaban expectantes a alguna respuesta, pero nadie le contestaba.

Muy de vez en cuando alguien le compraba una que otra empanada o un poco de mazamorra y al extender sus brazos se veían cicatrices horribles.

Algún que otro curioso le preguntaba porque tenía esas marcas y la negra les contestaba:- !Por servir a la Patria, caballero…!- Y volvía a deambular por las calles repitiendo una y otra vez: -¡Soy la Capitana!-

Se dice que una mañana de agosto, del año 1827, caminaba por la Recova, el General Viamonte, héroe de la Independencia, que había peleado junto a Belgrano en la campaña del alto Perú. El general la vio mendigando y escucho a la pobre vieja decir:-“Yo soy la Capitana”-…inmediatamente  la miró con tristeza y reconoció en su rostro a María Remedios del Valle

Había sido reclutada como tantos otros negros a la causa revolucionaria y llevada junto a su marido a combatir con las tropas del ejército del Alto Perú, comandado por el General Belgrano.

Participó en el llamado “éxodo jujeño”,  cuando las tropas del General acompañados por el pueblo Jujeño emprendieron la retirada desde Jujuy hasta Tucumán, lugar en el que se libró la primera victoria con el apoyo de los tucumanos y en las batallas que se sucedieron después.

Cuando Belgrano y sus hombres fueron sorprendidos en las pampas de Vilcapugio, Maria atendió con esmero a los heridos. De los 3500 hombres que formaron el ejército sólo quedaron 400.

Después de la derrota, Belgrano reorganizó nuevamente a su ejército con la ayuda de los gobernadores de Charcas, Cochabamba, Santa Cruz de la Sierra y Chayanta y partió en noviembre de 1813 junto con sus hombres a las pampas de Ayohuma, pero el enemigo los atacó sorpresivamente y se desató una cruenta batalla. Los cuerpos de los soldados del General estaban desparramados por todo el campo de batalla, María Remedios caminaba entre los muertos y heridos y su falda se ensangrentaba con la sangre derramada por esos hombres. Como podía les mojaba sus labios con agua, limpiaba sus heridas o les cerraba los ojos porque ya estaban muertos.

Se dice que fue tomada prisionera y que atendió a soldados españoles que como gesto de agradecimiento la dejaron escapar y volver junto a su tropa.

Cuando la guerra terminó María regresó a Buenos Aires, su esposo había muerto, sus heridas ya habían cicatrizado pero ya estaba vieja y cansada

Sin dinero ni lugar a donde ir comenzó a pedir limosna.Se la veía rondar por las iglesias de San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio.

 

La mañana en la que el General Viamonte la encontró se apiadó de ella y presentó ante la junta un proyecto para que se le otorgara una pensión en reconocimiento a los servicios prestados a la Patria, pero el expediente quedó olvidado. El país había entrado en guerra con el Brasil y Buenos Aires estaba bloqueada por las fuerzas navales del Imperio del Brasil.

 

Cuando Viamonte fue nombrado en el año 1828, Vicepresidente primero de la Legislatura se dirigió a sus colegas y les solicitó nuevamente que se diera curso a la pensión de María Remedios del Valle. En un emotivo discurso les dijo:” Yo conocí a esta mujer en el Alto Perú y la reconozco ahora aquí, cuando vive pidiendo limosna. Esta mujer es realmente una benemérita. Ella ha seguido al Ejército de la patria desde el año 1810. Es conocida desde el primer general hasta el último oficial en todo el Ejército. Es bien digna de ser atendida: presenta su cuerpo lleno de heridas de balas y lleno, además, de cicatrices de azotes recibidos de los españoles. No se la debe dejar pedir limosna (...) Después de haber dicho esto, creo que no habrá necesidad de más documentos'.

 

El diputado Tomas Anchorena defendió el proyecto presentado por el General Viamonte y expresó:  Yo me hallaba de secretario del general Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército, y no había acción en la que ella pudiera tomar parte que no la tomase, y en unos términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente; era la admiración del General, de los oficiales y de todos cuantos acompañaban al ejército. Ella en medio de ese valor tenía una virtud a toda prueba y presentaré un hecho que la manifiesta: El General Belgrano, creo que ha sido el general más riguroso, no permitió que siguiese ninguna mujer al ejército; y esta María Remedios del Valle era la única que tenía facultad para seguirlo (...) Ella era el paño de lágrimas, sin el menor interés de jefes y oficiales. Yo los he oído a todos a voz pública, hacer elogios de esta mujer por esa oficiosidad y caridad con que cuidaba a los hombres en la desgracia y miseria en que quedaban después de una acción de guerra: sin piernas unos, y otros sin brazos, sin tener auxilios ni recursos para remediar sus dolencias. De esta clase era esta mujer. Sino me engaño el General Belgrano le dió el título de Capitán del Ejército. No tengo presente si fue en el Tucumán o en Salta, que después de esa sangrienta acción en que entre muertos y heridos quedaron 700 hombres sobre el campo, oí al mismo Belgrano ponderar la oficiosidad y el esmero de esta mujer en asistir a todos los heridos que ella podía socorrer (...) Una mujer tan singular como esta entre nosotros debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano, y a donde quiera que vaya debía ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a una general; porque véase cuanto se realza el mérito de esta mujer en su misma clase respecto a otra superior, porque precisamente esta misma calidad es la que más la recomienda'

Después de muchos debates se decidió otorgarle la pensión correspondiente al cargo de Capitán de Infantería pero jamás la recibió.

Sólo fueron nombramientos, dedicatorias y bonitas palabras pero lo cierto es que María Remedios del Valle murió en la miseria en el año 1847.

 No fue la única negra que murió olvidada y pobre, muy por el contrario fueron muchos los negros que murieron en las mismas condiciones.

Sirvieron a la patria peleando en las guerras por la independencia, en los batallones y milicias que luchaban en las guerras civiles, contra los indios en la frontera, en la guerra con el Paraguay y la guerra con Brasil pero la gran mayoría fueron olvidados como María Remedios del Valle, la Capitana del Ejército del Norte

El 26 de mayo de 2010, se presentó en la sesión de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina un proyecto de Ley para construir un monumento en su nombre pero aún sigue olvidado…

 

Periodo del suceso: 1870
Palabras clave: Mujeres argentinas, Independencia