Astrolabio del Tiempo

En la antiguedad el hombre usaba el astrolabio para medir las alturas, los lugares y los movimientos de los astros.

El tiempo es nuestro astrolabio...
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Historias de Vida

Las mujeres de Don Emiliano

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-¡Emiliano no te conviene; es un verdadero barrendero, jugador, mujeriego que no tiene ni burro que montar!- fueron las palabras de Don Fidencio, tras dar un portazo en el cuarto de Josefita.

Doña Guadalupe corrió a abrazar a su joven hija que no encontraba consuelo después de las duras palabras de su padre

Se había enamorado de un hombre que no pertenecía a su clase, sin embargo por esas cosas del destino se convertiría en la mujer de uno de los líderes de la revolución Mexicana.

Todo ocurrió una mañana cuando por el canal de Los Tomases que estaba frente a la casa de sus padres, Josefa vio un sombrero traído por el agua, al levantarlo observó que dentro había una carta de amor y quien la firmaba era un tal Emiliano Zapata

Pese a las prohibiciones y recelos de su padre, Josefa Espejo Sánchez comenzó a noviar con Emiliano, a escondidas y en secreto.

La joven había sido educada sin preocupaciones económicas y con los preceptos católicos.

La señorita María Jesús por encargo de Don Fidencio le había enseñado a leer y a escribir a ella y a sus hermanos. No era usual que las mujeres tuvieran otra instrucción más allá que las tareas del campo y las faenas del hogar, pero los padres de Josefa deseaban que tuviera una buena educación para poder contraer matrimonio con un joven de su clase. Lejos quedaron las pretensiones de sus padres ya que el noviazgo con Don Emiliano siguió adelante.

Cuando murió Don Fidencio decidieron casarse. La boda se llevó a cabo en el mes de Agosto de 1911 en la Parroquia de San José, en el poblado de Villa Ayala

Josefa vistió un sencillo vestido y los padrinos de la boda fueron Francisco Indalecio Madero, quien había sido electo presidente y era un férreo opositor a Porfirio Díaz y su esposa Sara Pérez de Madero. A pesar de la hermosa fiesta y los augurios de felicidad lejos estaba la idea de conformar un matrimonio como cualquier otro, muy por el contrario la vida de Josefa no iba a ser fácil.

 La revolución estalló un año antes de la boda, y la cabeza de su esposo era una presa codiciada por sus enemigos.

 La vida de ambos transcurría huyendo de un lugar a otro, escondiéndose para no ser capturados ni ejecutados

De aquel matrimonio nacieron dos hijos; Felipe y Josefa. Ambos murieron siendo niños y Josefa se quedó sola

A pesar de su tristeza seguía acompañando al General Emiliano Zapata, héroe de la revolución, que seguía luchando con su ejército de campesinos.

Josefa era perseguida por los gobiernos del general golpista Victoriano Huerta y tiempo después por el de Venustiano Carranza.

Al asumir Carranza, la persecución se hizo mucho más cruenta a tal punto que detuvieron a su madre Guadalupe Sánchez Merino, quien fue apresada junto con sus hermanas Juana e Ignacia. Todas fueron liberadas un tiempo después.

Mientras tanto Zapata seguía luchando por la devolución de las tierras robadas por los hacendados y extendiendo su lucha armada por todo México.

Las emboscadas eran moneda corriente y tras el asesinato de Madero la lucha armada y las persecuciones fueron más violentas.

Se dice que Don Emiliano no dormía dos noches seguidas en el mismo sitio sino que se dirigía de un lugar a otro.

Su fama de mujeriego le había valido para tener refugio y consuelo en los brazos de muchas mujeres, mientras tanto Josefa seguía esperándolo.

No había mujer que se le resistiera pues su voz clara y fuerte, su tez morena, sus ojos grandes y negros, su mirada penetrante y su bigote poblado las enamoraba.

Según se cuenta llegó a tener hasta diez mujeres y varios hijos no reconocidos.

 A pesar del amor que sentía por Josefa, su esposa oficial, acostumbraba a pernoctar en la casa de Doña Inés Alfaro Aguilar, a quien consideraba su madre, amiga, compañera y confidente.

Era una mujer de campo con largo cabello negro y ondulado. Sus ojos eran grandes y negros y su tez más morena que la de Emiliano, ella sabía esperarlo callada y silenciosamente.

 

Se habían conocido mucho tiempo antes de que Emiliano se casara con Josefa y tuvieron cinco hijos de los cuales solo uno quedó vivo.

Como era una mujer sencilla supo hacerse a un lado ya que Emiliano mostraba como su mujer a Josefa, la niña de la hacienda de Don Fidencio.

Pero la historia da cuenta de que no era la única mujer con la que le era infiel a Josefa sino que hubo muchas otras que acompañaron su vida.

¿Quién podía resistirse al héroe de la revolucion? Si cuando bajaba de su caballo vestido con sus pantalones de rayas, su camisa blanca y su sombrero despertaba suspiros a su paso.

Quizá se refugiaba en ellas para olvidar aunque sea un poco la revolución y la cruenta lucha que ya había dejado un tendal de campesinos e indios muertos pero la muerte también lo encontró a Don Emiliano.

Fue asesinado el 10 de abril del año 1919. Un agente de Venustiano Carranza preparó la emboscada. Su cuerpo cayó del caballo después de recibir nueve disparos.

Muchos lloraron su muerte. Los pobres, los campesinos, los indios y sobre todo sus mujeres.

Doña Josefa, se convirtió en “La Generala”, la viuda del General revolucionario.

Junto con su pena se trasladó a su antiguo hogar en la Villa de Ayala y ayudó en las tareas del campo a sus hermanos.

Los sobrevivientes del movimiento revolucionario se dirigían a ella con respeto y un desfile de campesinos y guerrilleros le rendían honores.

Se convirtió en la voz de las mujeres revolucionarias que acompañaron con sumisión y valentía a sus hombres y se enfrentaron a las persecuciones, a las torturas y a las penurias por las que tuvieron que atravesar.

Doña Josefa murió el 8 de agosto de 1968 en su casa. Sus restos reposan en el Panteón Municipal de Anenecuilco a un costado del lado sur de la Iglesia de San Miguel.

 

Por la Lic. Andrea Ravalli

Periodo del suceso: 1911
Palabras clave: Revolución mexicana, Emiliano Zapata, mujeres y revolución